Con el sueño del ascenso directo esfumado y con la incertidumbre de pelear un torneo reducido para alcanzar una Promoción, el plantel de San Martín le sumó a tanta incertidumbre la sensación de malestar e impotencia por las desagradable pintadas que aparecieron en los alrededores de La Ciudadela. "Con el 'santo' no se juega", dice uno de los mensajes con los que, un grupo de desconocidos, intentó amedrentar a los jugadores.
Hacía tiempo que esto no sucedía en San Martín, pero se veía venir. Sucede que durante la derrota ante Santamarina, un sector vinculado con "La Brava", los barras que hoy copan la popular de la calle Rondeau, intentaron cantar en contra del plantel, pero sus gritos fueron acallados por el grueso de los hinchas, que prefirieron despedirlo con cánticos de aliento desde los cuatro costados de la cancha.
Sin embargo, la caída en San Francisco encendió de nuevo las llamas, que parecían haberse extinguido tras la salida de Rubén Ale de la presidencia. Durante su administración, muchos de los que hoy se suben a los paraavalanchas formaron parte de una fuerza de choque, que se llevó por delante a hinchas y jugadores. Como antecedente más negro se puede mencionar el apriete que sufrió el plantel en mayo de 2009, cuando se consumaba el descenso de Primera. Esa tarde, los violentos amedrentaron a todos y hasta dejaron balas sobre los autos de los futbolistas.
Aunque no se puede afirmar quiénes fueron los autores, la intensión de desestabilizar es clara. Otra vez, La Ciudadela se manchó. LA GACETA ©